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Decir Fábregas en el Somontano es decir
vino. Cinco generaciones de enólogos lo atestiguan.
Desde que, en 1844, Pedro Fábregas Pagés dejó
el Masnou y fue a Barbastro, donde fundó su bodega.
Asentada la empresa, pasó a manos de su hijo y después
a su nieto, José María Fábregas Roy,
que en la segunda mitad del s.XX amplió las instalaciones
y tuvo la visión de creer en la D.O. Somontano. Sus
hijos han hecho una refundación de la empresa, pero
sin perder su carácter familiar.
Saber
y sentir el vino es la magia que administra la familia Fábregas
para poder seguir sorprendiendo. Bajo el Monasterio de «El
Pueyo» los viñedos de las variedades merlot,
cabernet sauvignon y syrah proveen de la mejor uva para los
vinos tintos de Bodegas Fábregas.
Otras tierras de la vega del río Vero ven crecer las
uvas de chardonnay y las de la variedad tempranillo. Cuentan
con 50 hectáreas, con la técnica y la tecnología.
Están en el Somontano, desde 1844. Han crecido, siempre
con las raíces en esta tierra, con una bodega familiar,
trabajando y generando riqueza con el vino.
En la historia de Bodegas Fábregas está escrita
la marcha vital del cultivo de la vid y el negocio del vino
en el Somontano. Generación tras generación
han adaptado la bodega a la realidad y han presentado al mercado
los vinos más acertados en cada momento.
Somontano es hoy una Denominación de Origen de calidad
y prestigio. Bodegas Fábregas está orgullosa
de serlo a su vez, porque han invertido todo el esfuerzo al
servicio de un mismo sueño. La prueba, una importante
rehabilitación de los edificios y una renovación
de los equipos y la tecnología efectuada en la bodega,
puesta al día para estar a la altura de la elaboración
de los mejores vinos en esta D.O. puntera.
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